Maternidad y sombra

Hace unos meses, cuando estaba embarazada, me leí el libro “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”, de Laura Gutman y me pareció maravilloso.
Hoy os comparto un poco sobre lo que ella escribe, cómo yo lo interpreto y cómo se está manifestando en mi vida, ahora que tengo una bebé.
Pensé que, como me había leído el libro, sería fácil poder reconocer mi sombra a través de mi bebé, que sería muy claro.
Me olvidé, sin embargo, de que la sombra es sombra y, por lo tanto, no quiere ser vista. Bueno ella no es una entidad propia, sino que somos nosotros mismos -nuestra psique- los que la mantenemos oculta, básicamente a la fuerza…

A lo largo de nuestra vida nos vamos identificando con ciertos aspectos y, por consiguiente, rechazando sus opuestos. Esto desemboca en la construcción que hacemos de cómo queremos ser y cómo no; las máscaras que nos ponemos con lo que queremos mostrar al mundo, hacen que en la sombra quede todo aquello que no aceptamos ni integramos de nosotros mismos. Y no sólo lo que no queremos mostrar al mundo, a los otros, sino que a nosotros mismos también nos lo ocultamos, lo cual es todavía más desastroso.

Según Carl Gustav Jung la sombra es “todas las partes desconocidas de nuestro mundo espiritual”.

Laura Gutman es muy directa y habla de que el encuentro con la propia sombra es un camino que constituye el propio sendero de sanación, tarea que todos y cada uno de nosotros tenemos en la vida.
En su libro también leemos: “nos pasamos los primeros veinte años de nuestra vida llenando una mochila con todo tipo de vivencias y experiencias… Y luego pasamos el resto de nuestra vida tratando de vaciarla. Este es precisamente el trabajo de reconocimiento de la propia sombra. En la medida en que rechazamos vaciar la mochila, ésta se hará cada vez más pesada y más peligroso será cada intento de abrirla. Pero no hay alternativa en el encuentro con uno mismo pues, o nos decidimos conscientemente a indagar nuestros aspectos más ocultos, sufrientes o dolorosos, o éstos buscarán colarse en los momentos menos oportunos de nuestra existencia”.

Claro, por no querer ver la sombra, ella no se va, sino que cada vez se hace más patente en nuestra vida: lo que rechazas te persigue, te somete, persiste, lo atraes…

Sin duda, la sombra se desarrolla desde la infancia, y aquí es donde entra en juego la maternidad.
Cuando una mujer que no ha conseguido ver muchas partes de sí misma (me atrevería a decir, todas nosotras) se convierte en madre, ocurre un fenómeno que me fascina y que aprendí cuando leí el libro: el bebé y la mamá, desde el momento del parto y del corte del cordón umbilical, en un plano físico pasan a ser dos cuerpos separados. Esto es obvio porque lo vemos. Pero resulta que más allá del plano físico, continúa existiendo una fusión emocional completa, el bebé y la mamá continúan tan unidos como durante el embarazo…
En la práctica esto se traduce en que, a nivel emocional, todo lo que sienta el bebé lo va a sentir la madre como propio e igualmente contrario.
¿Parece magia? ¡No lo es!
Es la Vida en su más pura manifestación, la del nacimiento de un ser, mostrando a esa madre de forma más intensa que nunca en su vida las partes de sí misma que puede sanar.

¿Cómo se produce esto?
Lo que sucede es que el cuerpecito tan pequeño que acaba de nacer tiene una enorme sensibilidad y además no ha desarrollado aún su propia identidad pues, solamente cuando alcance los 2-3 años de vida, el niño sentirá que es un ser separado de su madre, hasta entonces se cree que son lo mismo, la misma persona. Mientras que no se desarrolle su ego y se reconozca a sí mismo como “yo”, permanecerá en ese estado de fusión con mamá.
Además, en este estado de “no-ego”, cuando el bebé siente, todavía no es capaz de discriminar entre lo que quiere expresar abiertamente y lo que prefiere rechazar y olvidar… Éste es un mecanismo que constantemente repetimos ya de adultos, en un intento de apartar aquello que catalogamos como malo, como socialmente inaceptable, como ridículo, etc. Pero el bebé no puede sino manifestar espontáneamente cualquier sensación que perciba.

Es así como cada cosa que le pase a mamá y ella no consiga integrar, aceptar o procesar de manera consciente, pasa a ser plasmada por el bebé, constituyendo un reflejo inocente de la sombra materna. Por tanto, si la mamá se mantiene abierta y consciente, encuentra una vía libre para su crecimiento espiritual.

Es hermoso, ¿no? La maternidad y nuestro bebé nos brindan la extraordinaria oportunidad de cuestionarnos fundamentalmente, para no mentirnos más y dejar de autosabotearnos e iniciar un nuevo camino de superación.

El bebé manifestará en el plano que le sea posible el mensaje que su madre le está enviando, por lo general en su cuerpo.
Y vuelvo a lo que decía al principio, la primera vez que me leí el libro pensé, “Facilito, el bebé me lo mostrará, yo no tengo que hacer nada…” Y me he dado cuenta que en realidad yo estaba interpretando, “el bebé hará el trabajo por mí”. Todo desde un plano puramente intelectual.
Quizás otras personas digan “Bueno, esto se podrá resolver fácilmente si yo decido no enviarle ningún mensaje a mi bebé…”
No funciona, lo siento, si de algo me estoy dando cuenta es que va mucho más allá de lo que racionalmente podamos pensar o decidir. Porque se trata de mecanismos tan inconscientes, arraigados y antiguos como la propia evolución de nuestra especie.
Ha sido necesario desde hace miles de años que nos desarrollásemos de esta manera, porque si no, ni tú ni yo estaríamos aquí y en la Tierra dominaría otra especie, o quien sabe si todas vivirían en maravillosa armonía sin nosotros…
El caso es que los humanos tardamos en desarrollarnos y en tener independencia mucho tiempo. Lo que cualquier otro mamífero consigue en unos pocos días, a veces en unas pocas horas, a nosotros nos lleva años de aprendizaje.
Los bebés humanos somos tan dependientes de mamá durante los primeros años que, si este mecanismo de fusión no existiese, las madres nos iríamos a hacer cosas y nos alejaríamos del bebé más tiempo del que es (o al menos, era) conveniente.
Esto hoy en día lo hacemos para ir a cocinar o a ducharnos y no constituye un riesgo para la vida de nuestro bebé. Pero probablemente nuestras antepasadas necesitaban ir a buscar alimento y se distanciaban un poco, o simplemente se distraían unos minutos, lo cual podía significar que apareciese una leona y, en su mismo quehacer, se comiese al bebé.
Y algo que desde la mente de los adultos nos cuesta entender, es ¡que los bebés no lo saben! No saben que ya no hay leonas acechando cuando no están en los brazos de su madre… Su cerebro vive en la más absoluta supervivencia, para ellos es “no tengo a mamá cerca, me muero”. Y cerca es cerca, lo más cerca posible, sin separación, cerca no es en la cuna al lado de la cama donde duerme mamá, eso para el bebé ya es muy lejos…
Entonces, podemos entender que el mecanismo de fusión es perfecto, que gracias a él la humanidad ha prosperado tanto como especie y que el llanto constituye un mecanismo evolutivo: cuanto más lloraba un bebé, más posibilidades de supervivencia tenía, porque su mamá no se iba muy lejos, acudía a la llamada. Por lo tanto, tú, yo y nuestros bebés sólo podemos ser descendientes de aquellos que más lloraban, porque eran los más adaptados al entorno, probablemente los que lloraban muy poquito no llegaron a la edad de tener descendencia…
Dirás, “no, yo no me voy lejos porque amo mucho a mi bebé”, eso lo sabes tú, pero tu bebé tardará unos años en comprenderlo. Y además, a dónde quiero llegar es que en realidad ese amor no se trata de un proceso racional, es algo que brota, fruto de dicha fusión emocional, no es algo que se decida y difícilmente se puede explicar.
Bueno esto ha sido un desvío que más tiene que ver con otras lecturas como las del pediatra Carlos González que con el libro que traigo al caso hoy, pero es que creo que está todo relacionado y aprovecho para recomendarte todos los libros y conferencias de este señor, me encanta su forma súper directa y honesta de explicarlo todo.

El asunto es que las mamás, la mayoría de las veces no nos vamos físicamente y, si lo hacemos, nos aseguramos bien de dejar al bebé con alguien que lo proteja perfectamente. En cambio, muchas sí nos vamos emocionalmente, como explica Laura Gutman. Y esto sucede porque el dolor de ver nuestra sombra reflejada en nuestro bebé es tan fuerte que la mayor parte de las veces no soportamos el hecho quedarnos ahí, fusionadas y sanando sin más.
Mirar nuestra sombra no es sólo ver “unas cositas que llevo en secreto y no quiero que los demás sepan“. No, va bastante más allá. Se trata de cosas que ni yo sé de mí misma y en las cuales nunca he indagado porque en mi infancia me dolieron tanto que necesité sobreadaptarme y para ello tuve que relegarlas al inconsciente, “olvidarlas”.
Implica conectarnos con las vivencias de la bebé/la niña que fuimos y que no obtuvo de mamá la presencia y el amor incondicional que necesitaba. Una mamá que a su vez no pudo sostenerse porque a nuestra abuela materna le pasó igual…
Nos duele lo que no queremos ver y entonces nos vamos, es decir, nos desconectamos del vínculo emocional profundo y creemos que lo que le pasa al bebé nada tiene que ver con nosotras…

No todas las madres deciden hacer consciente este proceso, muchas veces queda postergado. Quizás a un próximo hijo, quizás a otros eventos en su biografía, quien sabe, talvez a una próxima vida…
Yo personalmente he sentido la necesidad de volver a leer el libro y estoy llegando a estas conclusiones. La primera vez que lo leí ni imaginaba hasta qué punto esto sería intenso y me llevaría profundo…

Por todo esto, hoy nos quiero invitar a todas las madres a hacernos cargo, a afrontar el dolor que surge, el miedo que produce indagar en nuestros lugares recónditos. Y a quedarnos ahí cada día un poquito más, observando con mucha atención lo que a través de nuestro bebé se nos quiere mostrar. A sentirle y a sentirnos cada día más, en lugar de sólo interpretar racionalmente lo que le pasa…
Dejemos de lado el intelecto y sintamos, porque está en nosotras este poder. Y estoy segura de que podremos transformar el dolor en vínculo amoroso hacia nuestro bebé y que después se esparcirá por todas las áreas de nuestra vida.
Nos invito a observar las veces en las que nos sentimos incómodas cuando nuestro bebé llora, a no quedarnos en las creencias de cómo el bebé debería o no debería ser, de lo que el bebé o nosotras deberíamos o no hacer, a apartar de nuestra mente cualquier frase generalizadora o consejo superfluo que nos desconecta del estado de fusión y de nuestro interior, de nuestra verdad.
Y nos invito a observar, observar y observar, todas las veces que sea necesario. Sin juzgar(nos), sin etiquetar(nos), para poco a poco poder conectar más con lo que nos pasa a nosotras en el fondo de nuestra alma…
Nos invito a tomar conciencia de que nosotras somos ese bebé que llora

Quiero aclarar que hablo de llorar porque es la manifestación más evidente, pero es igual para cualquier otro comportamiento. Y si nos extendemos se aplica también a nuestros hijos que ya no son bebés. E igualmente a los padres.
Todos sin excepción tenemos nuestra parte de sombra.
Sin embargo, siempre será más intenso para nosotras, las madres. Y por eso la etapa de fusión mamá-bebé constituye una oportunidad muy muy clara, ya que nunca antes ni después en nuestra vida la sombra va a surgir de un modo tan intenso y evidente.
Laura Gutman lo describe como “la mayor crisis emocional por la que una mujer puede pasar en su vida”.

Gran poder el que tenemos las mujeres…

Nos invito a hacernos conscientes de que todo lo que surja es sólo la manifestación de nuestra relación con nosotras mismas.

Y quiero mencionar algo que considero fundamental. Si no estamos estructuradas hasta el punto de conseguir de verdad entender la diferencia entre culpa y responsabilidad, esto puede volverse un peso. Porque, sí, mucho tiene que ver con mamá; pero, no, ella no es culpable de que su bebé llore… Simplemente tiene sombra, como todos e, insisto, está atravesando la mayor crisis emocional de su vida, pues esta fusión pone de manifiesto de forma demasiado intensa su vulnerabilidad.

Si como madre te juzgas, lo mandas a la sombra otra vez y no sanas.
Soltemos las proyecciones, las imaginaciones de mamá perfecta y bebé perfecto…

Si como persona que acompaña a la mamá-bebé lo juzgas o exiges que esté bien, que vuelva a ser la de antes, etc, entonces estás contribuyendo a romper el vínculo.
¿Quizás te sientes incómodo/a porque tu sombra también aflora?
Al fin y al cabo, creo que las sombras son así, si una sale, convoca a las demás a salir también. Y el ego, naturalmente, se resiste. Y duele. Y sufrimos.
Fluyamos con lo que el presente nos quiera mostrar…
Desapeguémonos del sufrimiento para conseguir mirar más allá…

La autora habla en el libro de la importancia de que una madre se sienta acompañada, de que tenga sostén. Tampoco es aisladas en apartamentos como nuestra especie ha evolucionado… Una mujer puérpera siempre estaba protegida por su tribu, tenía una red de apoyo muy fuerte.
Actualmente, no siempre es posible tener estos apoyos. Probablemente nuestra propia madre tampoco se ha sanado todavía, podemos sentir que su presencia no nos beneficia…
Y todo esto deriva en que muchas veces el compañero, el padre sea la única persona que asiste directamente a este proceso. Y él, más o menos perdido en el intento de enfrentar su propia sombra, trata de entender todo lo que pasa con mamá-bebé en la medida en que su madurez emocional le permite.

En realidad, creo que para quien acompaña, no se trata de entender, sino de estar presente, estar sin expectativas, estar el tiempo que sea necesario, estar sin juzgar.

Sé que no es fácil, y menos para una sola la persona, sostener las necesidades de una madre puérpera; pues la contención afectiva, la aceptación de las emociones y el ofrecer confianza necesaria para que se conecte con lo que le pasa requieren de mucha madurez emocional, lugar al que a muchos de nosotros, la cultura en la que estamos inmersos y la educación recibida, infelizmente no nos han llevado.

En este sentido, no sirven las “recetas”. Los consejos sólo pueden ser dados en relación a la historia emocional de cada mujer.
Lo que está claro es que ella necesita fuerza para sostenerse en sus referencias internas, en su esencia.
Y recordar que este proceso no obedece a la lógica racional a la que todos tendemos. No existe lo que está “bien” o “mal”.
Todas las emociones son válidas, todos los procesos son diferentes.

Para terminar, cito de nuevo a Laura Gutman: “el puerperio, período que va mucho más allá de los días que pueda durar la famosa cuarentena, es un momento privilegiado para atravesar el surgimiento de una parte de la sombra. Y en la medida en que la mujer se hace cargo de su sombra, la observa, se pregunta, investiga, se cuestiona…libera al hijo de la manifestación de esa sombra”, a lo cual yo añado: y de esta manera, le impulsa a convertirse en un ser humano más libre y consciente.

Os dejo con mi deseo de que todos, no sólo las madres, nos abramos al poder de trasformación que trae consigo el nacimiento de un bebé.
Más allá del plano físico, es una excelente oportunidad de acercarnos al bebé y niño que fuimos y de integrar lo que no obtuvimos en nuestra infancia pero que legítimamente necesitábamos.
Una oportunidad de caminar cada día un poco más hacia la empatía y el amor que hay dentro de cada uno.
Creo que sólo de esta manera transformaremos el mundo en el que vivimos.


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4 comentarios sobre “Maternidad y sombra

  1. Hace ya unos días que leí tu escrito y no he escrito este comentario hasta ahora. No sé porque. Simplemente no escribí nada entonces. Y ahora pienso en la sorpresa que me ha causado y además en lo poco que yo sabía de lo que supones una maternidad….y su sombra, términos que nunca me pareció que pidieran ir juntas.
    Yo sabía un par de cosas en relación a un embarazo y el parto y el posterior posparto y la maternidad. Algo más después de leer Lo que todas callan. Irene G. Punto. Y punto.

    Qué poco sé y creo que sabemos en general las personas y sobre todo los hombres, creo. De ese “gran poder que tenemos las mujeres….”
    Me han enseñado un poco. Pero mucho. Gracias.

    Por cierto, que escribes muy bien, y expresas de maravilla tus sentimientos y la vida personal en la escritura.
    Mira, te puedes dedicar a escribir aunque sea para ti misma. Dicen que ayuda a conocerse y a vivir la propia vida mejor y aceptarse como se es.

    Un beso
    Víctor

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  2. Ah, y como madre que ha tenido en su seno, ha parido y está criando a su hija, mi sentimiento es que lo estás haciendo con sabiduría y amor.
    Confía en ello y en ti misma. ;)

    Abrazo
    Víctor

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